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21-03-2015

«La poesía tiene mucho de taller de artesano»

Día Internacional de la Poesía

Escribe en verso desde su niñez. Estudió en la Universidad de Salamanca, escuela de poetas desde el Renacimiento, donde se doctoró en 1999 con una tesis sobre la comedia de Shakespeare. En la actualidad, es la única filóloga que es profesora titular de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) y realiza investigación sobre poesía anglo-norteamericana. Poeta rodeada de ingenieros y tecnólogos que pasan horas y horas en un laboratorio, Natalia Carbajosa (El Puerto de Santa María, Cádiz, 1971), dedica parte de su tiempo a escribir poesía, algo que “tiene mucho de taller de artesano, solo que las piezas se labran únicamente cuando llega la inspiración”.
¿Qué le gusta ver en la UPCT?
Su arquitectura. Los campus nuevos son espléndidos, y la idea de recuperar esos edificios para la ciudad, en lugar de construir de la nada un campus en las afueras, también. Creo que es motivo de orgullo para todos los que vivimos en esta ciudad, sin menoscabo de lo que ocurre dentro de ellos, por supuesto.
¿Qué no se imaginan los alumnos de usted?
Que escribo poesía, supongo.

¿Qué no es?
No soy ambiciosa, por lo menos en el sentido que se le suele dar a la palabra.

¿Qué querría?
Vivir con un mayor sentido de la comunidad, tanto en la vida profesional como en la personal. Y llevar una vida buena, en el sentido que Platón le dio al término.

¿Qué no querría?
Tener que dejar de ir confiada por la calle, rendirme al miedo. Creo que esa es una de las mayores conquistas de la libertad, sobre todo para las mujeres.

¿Qué es lo que más detesta?
La prepotencia. La gente que sabe y opina de todo sin fisuras, sin importarle la superficialidad de su juicio. En esto deberíamos volvernos más orientales (en Japón está mal vista esa clase de asertividad).
¿Qué melodía le suena en el móvil?
La que sale por defecto.

¿Facebook o Twitter?
Ninguno de los dos. Desde un punto de vista profesional les veo algún sentido; desde el personal, ninguno. Mis cosas se las cuento solo a mi diario en papel.
¿Con quién se haría una foto?
Con un músico callejero que se aprendió una canción que le tarareé.

¿Qué le ha faltado siempre?
Certezas. Y a medida que cumplo años, más me faltan.

¿Dónde no la veremos nunca?
Eso nunca se puede saber… hubo un tiempo en que me ufanaba de no haber ido nunca al fútbol y ahora voy de vez en cuando, así que mejor no digo nada.

¿La palabra que más le gusta? No hay una sola. Pero me gusta mucho “filología” por todo lo que abarca, todas las facetas que entraña de amor a la lengua: enseñar, investigar, leer, escribir, traducir, conversar, transmitir una cultura literaria a tus hijos… hay épocas en las que dedicas más tiempo a unas que a otras, pero todas están ahí.
¿Qué empezó a leer?
Cuentos infantiles.

¿Qué empezó a escribir?
Poesía.

¿Qué es la poesía para usted? Una manera de estar en el mundo, de mirar, de fijarse en lo que suele pasar desapercibido. Esto se puede convertir en poema o no, da lo mismo. Los poetas se reconocen entre ellos antes por la actitud (que no la pose) que por sus obras.

De la soledad del poeta…
suelen nacer buenos frutos, aun a su pesar, porque la soledad es difícil de sobrellevar (incluso cuando es elegida).

¿Concibe su vida sin la poesía?
No, porque la poesía no es una elección. Está en la naturaleza de quien nace con esa dependencia, por así decir. Y ya sabemos qué pasa cuando uno trata de apartarse de su propia naturaleza.

¿Le salva la poesía?
Sí, todos los días. Vivir sin poesía sería como vivir solo hacia afuera, como si me faltara un brazo o una pierna. Mundo interno y externo tienen que confluir todos los días, y al interno, en mi caso, le pone palabras la poesía. Aunque desde el punto de vista práctico, esto también ocasiona muchos problemas, no creas.
¿Un poeta actual que le guste?
Tomas Tranströmer, Ana Blandiana, Tomás Sánchez Santiago.

¿Un personaje de ficción?
Hamlet, porque encarna lo que todos somos, la duda constante del hombre moderno. Shakespeare creó las mitologías del mundo contemporáneo o, si quieres, dio mayor resonancia a las de los griegos.

¿Qué poema elegiría usted si tiene que optar por uno en especial?
Habría muchos para elegir, pero uno podría ser “Un aviador irlandés prevé su muerte”, de W. B. Yeats.

¿La poesía es hija de la inspiración o del trabajo?
De las dos cosas. Se nace o no se nace con el deslumbramiento poético, pero luego hay que estudiar, probar, pulir. Escribir poesía tiene mucho de taller de artesano, solo que las piezas se labran únicamente cuando llega la inspiración. Mientras tanto, se trabaja en los preparativos, que no es poco.

¿Qué libro recomendaría?
‘Don de la ebriedad’, de Claudio Rodríguez. Lo escribió con 17 años y sin embargo se lee como el testimonio del viejo chamán de la tribu, aquel que tenía acceso al lenguaje de los dioses cuando había dioses. Creo sin duda que es uno de los libros fundamentales en español del siglo XX.

¿Cómo se siente una poeta rodeada de ingenieros?
Como un animal exótico, muchas veces. Pero la poesía pertenece a una esfera distinta de la del trabajo y muchos compañeros no lo saben y se sorprenden. Es una constante en mi vida estar siempre un poco fuera de lugar. La poesía hoy día está fuera de lugar. De hecho, en la Politécnica nunca he dado recitales. Aquí, obviamente, hay otros intereses.

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