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06-03-2020

«No queremos que nos regalen nada. Lo que queremos es que no se nos penalice por ser mujer»

La catedrática más joven y la más veterana de la UPCT conversan sobre igualdad, con motivo del 8 de marzo, y apuntan medidas para reparar "la tubería agujereada" por la que se desperdicia el talento femenino

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Distintas edades pero una misma perspectiva sobre las causas, consecuencias y posibles remedios a la desigualdad de género que aún persiste en las universidades. La catedrática más joven, Emma García Meca, y la más veterana, María Dolores de Miguel Gómez, han conversado, como motivo de la celebración el 8 de marzo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, sobre las barreras que limitan el potencial del talento femenino y que ilustran metáforas como las del techo de cristal, el suelo pegajoso, la tubería agujereada o el efecto tijera.

“Yo misma no fui consciente del techo de cristal hasta ver los datos”, reconoce García Meca, una de los investigadores internacionales más citados en las publicaciones sobre diversidad de género. “El problema de la desigualdad es poder reconocerla a tu alrededor, porque hay muchos sesgos de los que no somos conscientes”, añade la investigadora, quien fue la primera catedrática del área de Economía Financiera y Contabilidad de la Región de Murcia.

La desigualdad en datos
“En el medio centenar de universidades públicas sólo hay nueve rectoras, y esperamos que pronto una más; únicamente una de cada cinco cátedras son para mujeres y apenas el 30% de los proyectos concedidos están dirigidos por investigadoras. Dos de cada tres tesis tienen a hombres como directores y los varones, con el mismo puesto y el mismo número de hijos, publican de media 1,5 artículos de investigación más que las mujeres. Los datos evidencian que existe un techo de cristal, porque hay más alumnas que alumnos en el conjunto universitario”, señala la docente de la Facultad de Ciencias de la Empresa. “Pero la proporción de mujeres va disminuyendo conforme avanza la carrera universitaria, como si por una tubería agujereada se fuera desperdiciando el talento femenino”, prosigue.

Con todo, ambas catedráticas reconocen que las medidas que se han ido tomando para revertir esta situación. “Desde la aprobación de la Ley de Igualdad no hemos avanzado con la rapidez que me hubiera gustado, pero ahora estamos recogiendo la cosecha de lo sembrado”, apunta De Miguel Gómez, quien fuera la primera directora de una Escuela de Agrónomos en España.

“Ahora las universidades tienen planes de Igualdad”, resalta la responsable del grupo de investigación en Economía Agraria, indicando como uno de los grandes avances el que ya se contemple el hecho de haber tenido un hijo a la hora de valorar los sexenios de investigación.

Mejoras
“No queremos que se nos regale nada. Lo que queremos es que no se nos penalice por ser mujer”, coincide Emma García, quien también destaca como logro las evaluaciones externas de ANECA, como un sistema objetivo y meritocrático. “Como recordaba una rectora, hasta que a las mujeres no nos han evaluado externamente nos hemos llegado a ser catedráticas”, apostilla.

“Hay medidas muy sencillas que servirían para romper inercias”, continúa, “como que los tribunales de tesis o de plazas tengan que ser paritarios. Y otra que rompería los cimientos del techo de cristal será aplicar un coeficiente corrector cuando se evalúan los currículos de quienes se van a acreditar”.

“Hay muchas detractoras de las cuotas”, responde María Dolores de Miguel, “pero es un derecho que tenemos, a formar parte de los puestos de responsabilidad, para también así dar ejemplo a las jóvenes para que se animen a seguir en la brecha”, comenta en relación con la falta de vocaciones científico-técnicas entre las chicas. “Faltan referentes”, subraya.

“Los datos indican que el porcentaje de éxito de hombres y mujeres cuando concurren a un puesto es similar, pero los hombres realizan más solicitudes”, indica Emma García. “Nos falta un punto de seguridad. Según el Observatorio de La Caixa, las mujeres no optan a un empleo si no cumplen con el 90% de los requisitos, mientras que los hombres lo hacen con sólo el 60%. Son más atrevidos”, aporta. “Nos falta empoderamiento”, considera De Miguel Gómez.

Vida familiar y laboral
Sobre conciliación, Emma García, que tiene tres hijos, cree que “lo llamativo es que nunca se pregunta a los catedráticos cómo lo han conseguido con una familia numerosa. Es injusto que las mujeres renuncien a su carrera por su familia, por lo que hay que conseguir espacios de corresponsabilidad, porque la familia es un proyecto común, que requiere de trabajo en equipo”.

“A nosotras nos toca también cuidar de nuestros mayores y de las personas que tienen problemas, siempre hemos tenido una inclinación hacia los cuidados y las actividades más humanitarias, en renuncia de nuestro progreso profesional”, añade la catedrática más veterana.

“Muchas veces nos cortamos las alas nosotras mismas, abandonamos objetivos porque somos demasiado autoexigentes y eso también contribuye al techo de cristal”, recalca García Meca, recomendando a las jóvenes que “confíen en su potencial, no se pongan límites, que se esfuercen y sean trabajadoras, pero también listas y estratégicas, audaces y valientes. El talento no es cuestión de género”, concluye.

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