José Luis Piera, ingeniero en el sector aeronáutico: «El verdadero disfrute está en el taller, viendo cómo tus ideas cobran vida»
José Luis Piera (Cartagena, 1993) es el primer ingeniero de su familia y no ha parado desde que salió de las aulas de la UPCT, donde se tituló como ingeniero mecánico. Ha desplegado su conocimiento aplicado a proyectos que surcan los cielos y la superficie y los fondos marinos, participando, desde Cartagena, en la fabricación de la superestructura del submarino S-81, en la reparación del dragaminas Turia y en la construcción de enormes palas de aerogeneradores; creando barcos eléctricos ultraligeros en Suecia y drones de carga en Bulgaria.
Desde hace un año trabaja como ingeniero de procesos en el departamento de Termoestables de la fundación Fidamc, un centro de I+D+i y formación impulsado por el Ministerio de Industria, la Comunidad de Madrid y Airbus, en cuyo patronato también hay otras grandes empresas como MTorres, Talgo y Acciona. Trabaja en la vanguardia de los materiales compuestos, diseñando y aplicando tecnologías para la aviación del futuro, tanto civil como militar. “Ha sido un salto de escala total”, afirma sobre el último giro en su meteórica trayectoria profesional.
Su incursión en el sector aeronáutico comenzó en su anterior empleo creando el primer dron de carga de gran tamaño, con una envergadura de 16 metros y capacidad de transportar 350 kilos a grandes distancias, un proyecto de la empresa Dronamics desarrollado en Sofía (Bulgaria). Su misión fue aterrizar el prototipo a la realidad, optimizando los procesos de fabricación de los componentes del avión en coordinación con el departamento de diseño y ‘manufacturing’, para que el proyecto pudiera escalar. “Era pasar del 3D a un avión de dimensiones reales que tenía que ser ligero y eficiente en su fabricación”, rememora.
Previamente estuvo trabajando en Estocolmo (Suecia) para X Shore, una armadora de barcos eléctricos ultraligeros que denomina “el Tesla de los mares”. Buscaba “aprender bien inglés y ver mundo trabajando con materiales compuestos de última generación en un entorno de alta exigencia”, comenta sobre su elección de empleos en el extranjero.
Su primera experiencia laboral, aún antes de terminar la carrera, fue en la empresa cartagenera Sinergia Racing Group, desde donde participó en proyectos tan relevantes como la superestructura de la serie de submarinos S-80, la fabricación de palas de hasta 62 metros para molinos de viento y otros proyectos náuticos para veleros que compiten en las regatas de élite. Especialmente orgulloso está de la reparación del casco de fibra de vidrio del dragaminas Turia. “La complejidad técnica era extrema y parecía imposible de salvar”, recuerda sobre una intervención sin precedentes en el mundo.
«Innovar es enfrentarse a la nada»
De su paso por la Universidad Politécnica de Cartagena, Piera valora que “la universidad me enseñó a tener criterio propio: a no esperar la solución, sino a saber cómo construirla”, afirma. Para él, “innovar es enfrentarse a la nada” y saber sacar información de debajo de las piedras cuando no hay manual de instrucciones.
“La formación académica es el entrenamiento necesario, pero la satisfacción real empieza en el taller. Es en los proyectos reales donde aprendes que el éxito no depende de lo que sepas tú solo, sino de cómo conectas tu talento con el de los demás para sacar adelante hitos que parecen imposibles”, argumenta.
Enlazando su experiencia en diseño y fabricación con fibras y resinas sintéticas con su afición por el ‘snow’, dedicó su Trabajo Fin de Grado a un proyecto real de diseño y fabricación de una tabla para practicar snowboard. “Fue lo primero que hice yo mismo totalmente desde cero. Ahora quiero hacerme una de kitesurf”, añade sobre otro de los deportes que practica.
Piera acaba de codirigir un TFG en la misma línea que el suyo, transmitiendo su pasión por la Ingeniería que permite dar vida a criaturas que surfean cielos, mares y laderas nevadas.