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Doctorado y COVID-19: soluciones para nuevos retos

Publicada el 09.nov.2020

Artículo de opinión de Pedro Sánchez Palma, director de la Escuela Internacional de Doctorado:

«La RAE define pandemia como “enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región”. En marzo de 2020 la OMS la declara oficialmente. Desde entonces, se ha podido constatar el impacto de la pandemia no solo por la dispersión en países sino también por cómo ha afectado a prácticamente todas las dimensiones de la sociedad actual: sanitaria, económica, educativa, ética y social, jurídica, entre otras.

Los últimos meses han sido un hervidero de ideas y soluciones para mitigar el impacto de la situación excepcional. Nuevos modos de interacción social y de organización del trabajo para minimizar la propagación de la enfermedad, nuevas herramientas y soluciones tecnológicas para combatir el virus, nuevos medicamentos y vacunas para reducir el impacto de la enfermedad son algunos ejemplos. Es opinión mayoritaria que las condiciones con las que vivíamos antes de la pandemia no volverán; muchos de los cambios adoptados sin remedio seguirán con nosotros por un periodo más largo de tiempo de lo deseable.

En este contexto, la labor de los investigadores se ha visto revalorizada, recuperando en gran medida una posición de reconocimiento ante la cual la Sociedad ha depositado sus esperanzas en la búsqueda de soluciones que permitan un retorno factible a la normalidad. A pesar de que es lógico asociar en primera instancia la investigación del COVID-19 con los aspectos sanitarios, con un poco más de detenimiento destacan otros ámbitos donde los investigadores están poniendo su atención.

Una de las tecnologías en los que la pandemia ha disparado exponencialmente su adopción es la Inteligencia Artificial (IA) con el desarrollo de aplicaciones para la estimación de variables o el reconocimiento automático de patrones. La búsqueda de nuevos tratamientos, la correlación entre miles de datos recopilados desde el comienzo de la pandemia, entre otros, son objetivos diana de la aplicación de estas técnicas novedosas. Sin embargo, a pesar de que el impacto de la producción científica en España en materia de IA es pionero, no lo es tanto la transferencia de dicho conocimiento a la empresa. En parte, es debido a la falta de ingenieros especializados en este ámbito más allá del entorno investigador.

En el ámbito agronómico, la reducción significativa de la demanda por parte de los servicios de restauración, junto con las restricciones de mano de obra, capacidad de procesamiento y de almacenamiento, ha llevado a que en muchos casos se hayan perdido gran cantidad materias primas. Los tiempos críticos desde la siembra hasta la recogida se han visto afectados por la disponibilidad de mano de obra, entre otras limitaciones. La extensión en el tiempo de la pandemia puede llevar a que se dejen sentir estos efectos de manera más profunda en los sectores agrícolas, necesitándose nuevos protocolos y técnicas para minimizar el impacto de la pandemia.

Por otro lado, las estrategias de las empresas están evolucionando para dar respuesta a las nuevas relaciones de trabajo y demandas económicas y sociales. En el ámbito industrial, la crisis derivada de la pandemia ha modificado los patrones clásicos de consumo: el consumidor ha avanzado indudablemente en la digitalización con aumentos del consumo online de hasta un 50%. Las empresas que sean capaces de adaptarse, de aprovechar dicha digitalización y de superar los primeros envites de la crisis, muy probablemente serán líderes, determinando la transformación de su sector. Es el momento de que España evolucione para no depender en tan alto grado del sector servicios y la Industria 4.0 pase de ser opción interesante a obligación ineludible.

Según informe de la OCDE, en España, sólo un 0,7% de la población de entre 25 y 65 años tiene un doctorado, frente al 1,1% de media de la UE. Todo ello a pesar de los incrementos espectaculares en el número de tesis defendidas de los últimos cinco años. La desconexión entre el marco teórico del investigador y su aplicación en el sector productivo ha sido una de las críticas habituales al sistema. A todo esto, hay que sumar la mentalidad corta de miras de algunas PYMES en lo que a la relación entre inversión en I+D y ganancia se refiere. Todo esto afortunadamente está cambiando.

Sin lugar a duda, un doctorado configura en quien lo completa una nueva estructura mental y de razonamiento, con una gran capacidad crítica para resolver problemas con el bien sabido método científico. Este es un perfil muy bien valorado por las empresas.

Realizar un doctorado en el contexto actual es una inversión de futuro, no solo para el que se gradúa, sino para el resto de la Sociedad que demanda nuevas soluciones ante nuevos retos. De su reconocimiento en el ámbito profesional dependerá, en gran medida, que esta crisis se torne en oportunidad y nos permita salir reforzados».