LOS INICIOS

En el siglo XVIII son los príncipes pertenecientes a las casas reales, los aristócratas y la iglesia, los únicos estamentos que reciben educación. Con todo ello no se puede afirmar que haya un sistema educativo estructurado y graduado como lo es la primaria la secundaria y la universidad. La estructura social de la época, claramente estamental, no permite que la educación reciba un tratamiento nacional. De hecho la educación está en manos de la iglesia sin que pueda observarse una preocupación importante por parte de la monarquía absoluta en la formación intelectual y profesional de sus súbditos. Sin embargo la educación elemental existe, aunque precariamente. La nobleza educa a sus hijos en las primeras letras mediante preceptores o leccionistas. Los ayuntamientos sostienen escasas escuelas primarias, a cargo de maestros ignorantes y mal pagados. La iglesia mantiene escuelas monásticas, ajenas a los conventos y ausentes de todo control regio, que atraen a los hijos de los campesinos deseosos de evadirse del cultivo de la tierra y acceder a una situación mejor a través de la carrera eclesiástica. Ésta lamentable situación de la educación básica no dejara de preocupar hondamente, a la minoría ilustrada que propondrá su reforma.  

En cuanto al método pedagógico empleado en dicha época, se había basado en el culto supersticioso de los antiguos y la negación de todo mérito a los modernos. Nadie se preocupa por la observación ni por la experimentación. Lo único que se pone a contribución es la memoria. No será hasta la publicación del libro del padre Verney, el Barbadiño,”El verdadero método de estudiar”, cuando se abra un período de crítica sobre éste tema. El Barbadiño, traza un verdadero plan de estudios de gran calidad pedagógica, recomendando las clases poco numerosas, los métodos activos, la disciplina fundada en la amistad entre profesores y alumnos, proscribiendo, finalmente, los castigos corporales[1] . Éste libro será objeto de fuertes críticas, especialmente por los jesuitas. La obra fue considerada de heterodoxa.

Durante el reinado de Carlos III, se realizan reformas educativas. La Corona prestó mayor atención a la enseñanza secundaria que se impartía en centros religiosos. Así, expulsados los jesuitas en 1767, se fundan los Reales Estudios de San Isidro de Madrid, que significarían un notable progreso en la historia de la enseñanza secundaria[2] ; los profesores serán elegidos por concurso fuera de las órdenes religiosas; se enseñarán bellas letras, pero también matemáticas y física, derecho natural y de gentes, griego y hebreo[3] .

Los sistemas educativos nacionales surgen en Europa a principios del siglo XIX como consecuencia de la Revolución Francesa. En España, la Constitución de 1812 incorpora la idea de la educación como un entramado en cuya organización, financiación y control debe intervenir el Estado, con lo que se sientan las bases para el establecimiento del sistema educativo español.

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Bibliografía

 [1]De Fuelles Benítez, M. (1980) “Educación e ideología en la España contemporánea (1767-1975)” , pág. 25

 [2]Sarrailh, J. op. Cit., pág. 205

 [3]De Fuelles Benítez, M. (1980) “Educación e ideología en la España contemporánea (1767-1975)” , pág. 38