LA EDUCACIÓN EN LA ÉPOCA DE LA RESTAURACIÓN. 1874-1923

 

Tras los agitados sucesos del sexenio revolucionario, los deseos de paz y orden de amplios sectores de la población facilitaron la llegada de la Restauración. En 1876 se aprueba una nueva constitución que restaura la monarquía constitucional y que, siendo marcadamente conservadora, supo conjugar principios de carácter más progresista: el sufragio universal, la declaración de los derechos y la tolerancia religiosa.

                                                                                    

La vocación conciliadora de esta ley, sin embargo, no facilitó el consenso en política escolar. Esta dificultad se desprende de la propia interpretación que del articulado constitucional harán los diferentes sectores políticos. La Constitución, en su artículo 11, reconoce la religión católica como la oficial del Estado, pero a su vez proclama la libertad de cultos y de conciencia. El sector más intransigente del catolicismo español mantenía que la confesionalidad del Estado implicaba el control ideológico de las escuelas y, por el contrario, las tesis de los liberales más progresistas, afirmaban que la tolerancia de cultos y la libertad de conciencia significaban, de modo necesario, la libertad de cátedra[YUN1] .

Además, el sistema de partidos turnantes hizo de la educación un espacio de lucha política por la libertad de enseñanza, describiendo la legislación educativa un movimiento de péndulo en función de quién ocupase la cartera de educación. Muestra de ello es que, cuando en 1892 Sagasta vuelve al poder, decide que es necesaria una reforma educativa. Par cubrir ésta necesidad, se presenta un real decreto el 16 de septiembre de 1894 mediante el cual, se establece la reforma de la enseñanza secundaria. Será la llamada “Reforma Groizard del bachillerato” Ésta consistirá en dividir los estudios de la segunda enseñanza en dos: Estudios Generales (que proporcionarán cultura común a todos) y Estudios Preparatorios (son los que ampliándolos y perfeccionándolos facultan para la enseñanza superior). Mientras los primeros comprenden cuatro cursos, los segundos comprenden dos. Pero esta reforma trata de cambiar hasta el modelo pedagógico de la época, preconizando la “ascensión” gradual de conocimiento, la división de los estudios o asignaturas en series de cursos, cada vez, mas amplios y perfectos, la repetición en suma, del tema del ejercicio que crea el hábito y produce la asimilación, acabando para siempre con el grave error de las asignaturas por masas cerradas, de golpe y en un solo curso. Por otro lado, aunque en un principio se reafirmó la confesionalidad del Estado, excluyendo la tolerancia religiosa y la libertad de cátedra, más adelante se sucederán momentos en los que se proclama y defiende la libertad de enseñanza y de conciencia.

 

 La educación volvió a tener un gran protagonismo a finales del siglo XIX. La crisis interna y la independencia de las últimas colonias en Asia y América hicieron que se acuñase la famosa frase de Costa, «salvar a España por la escuela» [YUN2] , con la que se hacia patente que la regeneración de España pasaba por la reforma de la escuela. En 1898, explota un sentimiento común que se forja con ésta situación y supone un fuerte revulsivo nacional, caracterizado por la más violenta crítica intelectual a nuestra situación y a las instituciones fundamentales. Fruto de éste sentimiento será el período de cambios producido a principios del siglo XX, en el que, una vez más, el consenso entre progresistas y liberales volverá a dar sus frutos.

 

Los primeros frutos de la explosión pedagógica, fue sin duda, la creación en 1900 del nuevo Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, durante el mandato de García Alix. Se reformarán las escuelas normales, (en un serio intento de proporcionar a los futuros maestros, una formación mínima aceptable), la enseñanza secundaria (en la que había de “enaltecer la enseñanza oficial”, inspección y control estatal sobre la enseñanza privada y por último, la religión se convertía en asignatura obligatoria para todos los alumnos) y los planes de estudio de las enseñanzas universitarias. A García Alix le sucederá en el Ministerio, el diputado de la oposición, Romanones. Lo que no pudo terminar su predecesor lo hizo éste último, salvo en aspectos inconciliables para su ideario. Mantiene en general las reformas y las supera en cuanto a contenido, coraje y decisión. Éstas reformas afectarán a la reglamentación de los exámenes tanto en los establecimientos oficiales como en los privados, a la regulación de la enseñanza de la religión (la cual se convertía en asignatura voluntaria), a la titulación del profesorado, a la reordenación del bachillerato y a la autonomía universitaria (restableciendo la libertad de cátedra y concediendo pensiones a los alumnos para ampliar sus estudios en el extranjero. Idea que se abre camino por la ILE y por el sector mas intransigente de la derecha española) Un hecho muy destacado será el intento de que los maestros pasen a ser pagados por el tesoro público, puesto que hasta entonces eran pagados por los ayuntamientos y su salario era bastante deficiente.

 

En 1901 el Gobierno Liberal accede otra vez al poder. Desde ésta fecha y hasta 1923, la política en general, y la educativa en particular, fueron vacilantes e inestables. Los gobiernos se fueron precipitando más que sucediendo, (39 Presidentes de Gobierno y 53 Ministros de Instrucción Pública) ya que la duración media de los mismos apenas llegaba a los cinco meses. En cualquier caso, en estos años no puede hablarse con rigor de una política educativa coherente, aunque por lo que respecta al problema educativo siguen las grandes batallas: le enseñanza de la religión, titulaciones del profesorado, la libertad de enseñanza, etc.…

 

El 13 de octubre de 1923 el general Primo de Rivera encabezó un golpe militar que puso fin a la Restauración. El planteamiento antiliberal del nuevo régimen se concretó en la negación de la libertad de cátedra mediante la real orden de la Presidencia del Directorio Militar de 13 de octubre de 1925. Durante el mandato primorriverista se llevaron a cabo reformas en el bachillerato mediante el “Plan Calleja”, que tiende a modernizarlo y a tecnificarlo (se vuelve al modelo de la decisión en dos ciclos; elemental y superior o universitario. Latiendo una preocupación por extender el bachillerato, en especial el superior, como medio de acceso y filtro al mismo tiempo para la Universidad[YUN3] ) y en la universidad.

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Bibliografías:

Carreño, M.: (2000), Teorías e instituciones contemporáneas de educación, Madrid: Síntesis.

EOI, Sistemas Educativos Nacionales: (2000), Historia del sistema educativo español, Internet: Quipu.

Boza Puerta, M. y Sánchez Herrador, M.A., Las Bibliotecas en las Misiones Pedagógicas, Boletín de la asociación andaluza de bibliotecarios, núm.74, marzo 2004. Biblioteca Pública Provincial de Granada.

Boletín Oficial del Estado: la depuración, 6 de enero de 1940, nº 6, pág. 104, España.

 [YUN1]EOI, “Sistemas Educativos Nacionales- España”, Cap. II, “La Educación en la época de la Restauración 1874-1923”, pág.4

 [YUN2]De Fuelles Benítez, M. (1980) “Educación e ideología en la España contemporánea (1767-1975)” , pág. 232

 [YUN3]Otra novedad fue la regulación de la formación profesional, aunque la iniciativa no se producía por el Ministerio de Instrucción Pública, sino por el de Trabajo. Era, como ha sido hasta hace poco tiempo entre nosotros, una enseñanza orientada hacia la producción sin conexión alguna con el sistema educativo.