LA LEY GENERAL DE EDUCACIÓN DE 1970 (Ley Villar-Palasí)

Los orígenes de esta ley habrá que buscarlos en Villar Palasí, Ministro de Educación y Ciencia en 1968. Su política se centraba fundamentalmente en la solución del <problema universitario>, Derivado, de los graves defectos del sistema educativo español. Para poder buscar las soluciones mas acertadas, el equipo ministerial se reunió en una semana de trabajo continuo, de cuyo fruto saldría  una estrategia para la reforma educativa. La cual se concretaría en el famoso Libro Blanco de la Educación [1] . La publicación en febrero del Libro Blanco, supuso la ruptura de los moldeas clásicos de trabajo y por primera vez en treinta años, el Gobierno se enfrentaba con rigor a su propio pasado, pues el documento de las 244 paginas de las que estaba compuesto, 199 las dedico a la critica de la estructura educativa existente, aunque su finalidad consistió en <describir un panorama de problemas graves y sugerir las soluciones apropiadas> [2] 

El documento mencionaba públicamente la existencia de una grave discriminación en la base del sistema, es decir, existían dos niveles diferentes de educación primaria; los que ingresaban en centros de enseñanza media, su escolarización primaria duraba hasta los diez años, mientras que para los demás llegaba hasta los catorce años. Impugnara además, el acceso a los diez años, al bachillerato elemental, calificándole de paso <particularmente brusco>, ya que los diez años representan una edad temprana en la evolución del niño. Criticando por consiguiente, la división del bachillerato, aludiendo a una separación prematura de Letras y Ciencias y la existencia de un bachillerato técnico como modalidad propia, propugnando la introducción de materias tecnológicas en el bachillerato. En lo que respecta a la formación profesional, criticara que los planes de estudio no están sincronizados con el bachillerato haciendo muy escasas las conexiones con otros niveles educativos. En cuanto a la educación universitaria, critico la rigidez de los planes de estudio, el peso excesivo de las carreras tradicionales, la falta de flexibilidad que impedía el reingreso al sistema educativo desde el mundo laboral, la falta de autonomía de las universidades, la desvinculación de estas de los demás niveles educativos, etc. En la segunda parte del documento se sentaban los principios en los que debía inspirarse la reforma educativa que se pretendía. Como tales eran: implantación de una educación básica, gratuita y obligatoria hasta los catorce años. Superación de las desigualdades educativas en el campo y en la ciudad. Implantación de un solo bachillerato de formación polivalente y consideración de la formación profesional como una modalidad educativa ligada tanto al mundo laboral como a los niveles educativos del sistema. Acceso a la Universidad sin discriminaciones, después de un curso de orientación. Autonomía universitaria. Nuevas carreras universitarias de nivel medio que atiendan a las necesidades de las nuevas profesiones de la sociedad. En fin, el documento promulgaba la implantación de un sistema educativo inspirado en los principios de unidad, interrelación entre los niveles y flexibilidad desde una perspectiva global.

Tomando como base el Libro Blanco, el ministro de Educación y Ciencia y el ministro de Hacienda elevaban al Consejo de Ministros el proyecto de ley general de Educación y de Financiamiento de la Reforma Educativa, donde se le aplicaron retoques y fue aprobada. Triunfaba de este modo, el principio de integración social a través de la escuela, en el que las puertas de los centros de enseñanza se abrirían de par en par, sin limitaciones ni discriminación alguna para ningún español. Nace en este momento, la Ley 14/1970 de 4 de agosto, General de Educación y Financiamiento de la Reforma Educativa (LGE), en la que se regula y estructura, por primera vez en este siglo, todo el sistema educativo español. Fue una ley de gran alcance, que pretendió superar las contradicciones internas en las que el sistema había caído por sucesivas reformas sectoriales, insuficientes para responder al acelerado cambio social y económico de la España de aquellos momentos. Los planteamientos de la ley se inscribían en la tradición educativa liberal y suponían un reconocimiento implícito del fracaso de la educación autoritaria de los últimos 30 años. Desde una perspectiva global de educación permanente, la LGE diseñó un sistema unitario (se suprime la doble vía en los primeros niveles) y flexible (se crean numerosos «puentes» y posibilidades de paso de una rama a otra en los niveles superiores). Así, se estructura el sistema en cuatro niveles:

1         Preescolar; concebida como la iniciación del niño en el aprendizaje. Estará dividida en dos etapas de distinto contenido pedagógico: jardín de infancia, para niños de 2-3 años y escuela de párvulos, para niños de 4-5 años.

2         Educación General Básica; será de continuación natural de la preescolar y la ley la contempla como un nivel único, obligatorio y gratuito para todos los españoles. Se divide en dos etapas: 1ª etapa, de 6-10 años, en la que se acentuara el carácter globalizado de las enseñanzas y en la 2ª, habrá una moderada diversificación de las enseñanzas y será para niños de 11-13 años.

Al término de los ocho cursos, si la evaluación final es satisfactoria, el alumno recibe el titulo de graduado escolar; en caso contrario, un certificado de escolaridad. La diferencia vendrá dada en que, con el primero se puede acceder al bachillerato y con el segundo solo se puede acceder a la formación profesional de primer grado, en cuyo caso es obligatoria y gratuita.

3         Enseñanzas Medias; el bachillerato se define como unificado y polivalente. Comprendía tres cursos. Una vez acabado este, el alumno podía optar por el curso de orientación universitaria o por la formación profesional de segundo grado.

4         Enseñanza Universitaria; se impartirá en tres ciclos: el primero, de tres años de duración, pensado para las profesiones cortas, otorgaran el titulo de diplomado, arquitecto técnico o ingeniero técnico, siempre que sigan la enseñanzas del tercer grado de la formación profesional. El segundo ciclo, de dos años de duración, permite la obtención del título de licenciado. Y el tercer ciclo, de especialización concreta y de preparación para la investigación y la docencia, habilitara para la obtención del titulo de doctor.

A la formación profesional se accederá tras haber completado los estudios de los correspondientes niveles y ciclos educativos, como hemos visto anteriormente. Esta no es considerada como un nivel educativo aunque si aparece como la culminación de los tres niveles: preescolar, educación general básica y enseñanzas universitarias. El sistema se cierra con la educación permanente de adultos, las llamadas enseñanzas especializadas, la educación especial para deficientes e inadaptados y las diversas modalidades de enseñanza (a distancia, cursos nocturnos, cursos para extranjeros, etc...)

Un resumen de las características más relevantes del sistema regulado por la LGE puede ser el siguiente:

a) Generalización de la educación de los 6 a los 14 años para toda la población, en el doble sentido de integración en un sistema único, no discriminatorio, de todos los niños comprendidos en estas edades, y de escolarización plena.

b) Preocupación por la calidad de la enseñanza. Así, no sólo supuso la extensión de la educación, sino que procuró una enseñanza de calidad para todos.

c) Fin del principio de subsidiariedad del Estado, presente hasta 1970. Esta ley reconoce la función docente del Estado en la planificación de la enseñanza y en la provisión de puestos escolares.

d) Presencia notable de la enseñanza privada en los niveles no universitarios.

e) Un sistema educativo, pretendido teóricamente con esa estructura, poco selectivo en comparación con otros países.

f) Preocupación por establecer relaciones entre el sistema educativo y el mundo del trabajo, en el sentido de que la educación prepare para el trabajo.

g) Configuración de un sistema educativo centralizado, que trajo consigo una uniformidad  en la enseñanza.

La ley disponía de un plazo de diez años para la implantación total. Sin embargo, se redacto inexplicablemente, un calendario de aplicación de la reforma que aceleraba al máximo su ejecución [3] . Un ejemplo de ello, fue la implantación un mes después, de los cuatro primeros cursos de educación general básica, siguiendo un ritmo acelerado el resto del calendario. Ello trajo consigo, problemas financieros y una gran confusión en la marcha de la reforma. Los planes de estudios aprobados en 1975, orientaron al bachillerato hacia un enfoque tradicional, académico y teórico otra vez, pues lamentablemente el sistema de evaluación de la “ley Villar”, se convirtió en una sucesión interrumpida de exámenes a lo largo del curso[4] . Por otra parte, el principio de polivalencia del bachillerato no llego a cumplirse al igual que otros problemas tradicionales siguieron sin solución, aunque se experimento un auge en la escolarización a este nivel.

Página de inicio

Bibliografías: 

De Fuelles Benítez, M.: (1980), Educación e ideología en la España contemporánea (1767-1975), Barcelona: Politeia.

Carreño, M.: (2000), Teorías e instituciones contemporáneas de educación, Madrid: Síntesis.

EOI, Sistemas Educativos Nacionales: (2000), Historia del sistema educativo español, Internet: Quipu.

Boza Puerta, M. y Sánchez Herrador, M.A., Las Bibliotecas en las Misiones Pedagógicas, Boletín de la asociación andaluza de bibliotecarios, núm.74, marzo 2004. Biblioteca Pública Provincial de Granada.

Boletín Oficial del Estado: la depuración, 6 de enero de 1940, nº 6, pág. 104, España.

 [1]Debe reseñarse también, la colaboración de la UNESCO, en la reforma de Villar a través, del Comité de Cooperación Internacional, para la Reforma de la Educación en España.

 [2]Secretaría General Técnica del Ministerio de Educación y Ciencia,(1969), “La educación en España. Bases para una política educativa”, p. 14, Madrid,

 [3]Dicho calendario, que abarcaba el período 1970-80, fue aprobado por Decreto 2549/1970, de 22 de agosto.

 [4]De Fuelles Benítez, M. (1980) “Educación e ideología en la España contemporánea (1767-1975)” , pág. 454